Para muchas personas, entre
las que me cuento, la buena arquitectura no hace ruido, por el contrario
busca alejarse de él, aunque no siempre lo consiga. Afortunadamente existen
magníficos ejemplos donde se impone la sutileza y la sensatez. Uno de éstos se
esconde en un pequeño pueblo del cantón suizo de los Grisones, donde se
encuentran las Termas de Vals de Peter Zumthor.
La simple aproximación al lugar
lo desvela como imponente a la vez que sereno. El silencio que impera alrededor
armoniza con una envolvente tan curiosa como elegante, imposible de ignorar. La
pizarra que lo reviste está cortada en finas lajas dispuestas horizontalmente unas
sobre otras, potenciando la estabilidad de todo el volumen. Los matices naturales
de la piedra se conjugan con la gama cromática del paisaje adaptando la escala del
edificio a su entorno.
Descifrar su misterioso contenido
resulta complejo tomando en cuenta su forma de prisma horadado que no se afana
en revelar su función a primera vista, invitando más bien a descubrirla en su
interior, aventura que se me ocurre llamar la experiencia de los sentidos.